Voces prohibidas en el siglo XVIII novohispano: El caso de "Los mandamientos de amor"

DRA. ALEJANDRA GABRIELA DURÁN ESCAMILLA

Los versos heréticos que constituyen esta composición fueron censurados por el Santo Oficio de la Inquisición de la Nueva España, en el año de 1788, como resultado de la acusación de Fray Bernardo Márquez, sacerdote y lector de artes del Convento del Real y Militar Orden de Nuestra Señora de la Merced, en contra del mulato José Antonio Ramírez “El teólogo”. Ramírez, se encontraba preso y enfrentaba un proceso jurídico por robo. En su reclusión, se le escuchó recitar una versión de Los mandamientos de amor, coplas basadas en la estructura sintáctica de los diez mandamientos de la ley de Dios. Aquí el texto:

                Nadie se fíe de Dios
                porque Dios no vale nada,
                que aquel que de Dios se fía
                será su alma condenada.
                
                Escucha dueño querido
                de mi discurso el intento,
                cómo por ti he quebrantado
                todos los diez mandamientos.
                
                El primero, amar a Dios,
                yo lo tengo ofendido,
                pues no lo amo por amarte
                bien lo sabes dueño mío.
                
                El segundo, no jurar,
                yo he jurado atrevido
                no volver a tu amistad,
                y jamás cumplo lo dicho.
                
                El tercero, yo señora,
                las fiestas no santifico,
                porque todas las ocupo
                en gozar de tus cariños.
                
                El cuarto, honrar padre y madre,
                yo con tal desatino,
                por estar en tu amistad
                nunca les he obedecido.
                

[Inquisición, vol. 1289, exp. 15, fols.194r-213r]

La primera parte de esta composición afirma un desencantamiento del mundo cristiano pero, sobre todo, una nueva visión hacia él: “Nadie se fíe de Dios / porque Dios no vale nada, / que aquel que de Dios se fía / será su alma condenada” (Ramírez 1788). Tal advertencia devela el pensamiento ilustrado que hizo eco en la Nueva España a lo largo del siglo XVIII pues, más allá de la explícita herejía que contienen estos versos, el enunciador sugiere una preferencia por el conocimiento más que por la fe. Esto implica la caída de uno de los paradigmas principales que rigieron al orden colonial: la religión.

La negativa hacia lo heredado y a la propia esencia de la organización virreinal, manifiesta la crisis ideológica de las postrimerías del poderío español en América. La recurrencia a este tipo de discurso heterodoxo da cuenta de una sociedad que ya no se reserva dentro de los límites impuestos, sino que los usa como plataforma para escandalizar y dar cuenta de una nueva sensibilidad.

En los Mandamientos de amor de José Antonio Ramírez, la transgresión se hace desde la queja pues, el enunciador utiliza la fórmula religiosa para lamentar el amor no correspondido y confesar su desobediencia: “Escucha dueño querido / de mi discurso el intento, / cómo por ti he quebrantado / todos los diez mandamientos” (1788). A partir de esta declaración, comienzan a reescribirse unos mandamientos que van creciendo en irreverencia y dan cuenta de la pérdida de temor hacia la divinidad.

El enunciador está consciente de su rebeldía y dispuesto a condenarse por su pasión: “El primero amar a Dios, / yo ya lo tengo ofendido, / pues no lo amo por amarte / bien lo sabes dueño mío” (Ramírez 1788). El matiz pecaminoso de la composición fue la causa de su censura pues, atentaba contra las buenas costumbres, la estabilidad social y la imagen religiosa del Virreinato. Expresiones como ésta fueron consideradas delito por lo tanto, se castigaron y prohibieron. No obstante, la simbiosis de discursos y formas dio paso a la creación de un lenguaje ingenioso que develó la crisis de valores existente en las postrimerías de la Colonia.

Este fragmento, organizado en cinco estrofas de cuatro versos cada una, mantiene una estructura regular en cuanto al uso del octosílabo. El ritmo se mantiene constante y la composición invita a la musicalidad a través del uso preferente de rimas asonantes en los versos pares y algunos encabalgamientos suaves, por ejemplo: “porque a celos matar quiero / a cuantos hablan contigo” (Ramírez 1788). La sintaxis de la composición no obedece completamente a la convencional, pues podemos encontrar uso del hipérbaton en algunos sintagmas: “porque a celos matar quiero”, (Ramírez 1788) “haga la carne su oficio” (Ramírez 1788), “es donde más ciego vivo” (Ramírez 1788).

A lo largo del poema, es común la apelación al receptor mediante mensajes que se dirigen con toda la atención a él: “ya tú lo sabes” (Ramírez 1788), “para ti dueño querido”(Ramírez 1788), “en este punto señora” (Ramírez 1788). Aunado a ello, la enunciación de estos Mandamientos de amor se caracteriza por el uso constante del adverbio de negación no a través del cual, se hace un paralelismo con la estructura gramatical de los Mandamientos de la Ley de Dios: “no matarás” (Ramírez 1788) / “no hurtarás” (Ramírez 1788) / “no desear” (Ramírez 1788).

El texto, recurre a adjetivos, sustantivos, verbos y participios que potencian el tema de la pasión amorosa: matarás / quebrantado / celos / matar / quiero / hablan / perdido / carne / hurtarás / permitido / dueño / querido / testimonios / solicitan / cariños / desear / mujer / marido / señora / ciego (Ramírez 1788). Desde este léxico, la voz del emisor se muestra desesperada y celosa pues, sufre el dolor de una relación prohibida. Más allá de comunicar a su amada estos sentimientos, mediante cartas o bajo discreción, Ramírez manipula una sintaxis religiosa para abordar lo banal y quejarse escandalosamente: “Mil testimonios levanto, / alevoso y fementido, / pues pienso que cuantos te hablan / solicitan tus cariños” (Ramírez 1788) / “El noveno, no desear / la mujer de otro marido, / y en este punto señora / es donde más ciego vivo” (Ramírez 1788).

Así, este texto es ejemplo del juego literario paródico-burlesco que durante las postrimerías del Virreinato transgredió las normas. La recurrencia a formas cultas o sagradas de la tradición, para adaptarlas a los modos populares con temas heréticos, da cuenta de un imaginario que presenta cambios importantes respecto a la ideología impuesta por las instituciones coloniales. Expresiones como ésta dan muestra de una sociedad heterogénea que fue forjando una identidad propia y que supo adaptar lo heredado para dar a conocer, a través de la creación irreverente, su realidad cotidiana.

Escrito por la Dra. Alejandra Gabriela Durán Escamilla
Doctora en Literatura Hispanoamericana
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

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